Discurso completo de Steve Jobs en la universidad de Stanford en el año 2005

Gracias.

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestro comienzo en una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea dicha, yo nunca me gradué.

A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria.

Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre "conectar los puntos".

Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera.

Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer.

Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña.

Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando:

“Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?”

“Por supuesto”, dijeron ellos.

Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.

Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, los estaba gastando en mi matrícula.

Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo.

Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien.

En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado.

En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del envase para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna.

Me encantaba.

Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo.

En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano.

Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía.

Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.

Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.

Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.

Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.

Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados.

Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30.

Y me despidieron.

¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?

Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte.

Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria.

Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de HP] y Bob Noyce [Intel], e intenté disculparme por haberlo fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley].

Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.

Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa.

Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes.

El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando.

No os conforméis.

Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis.

No os conforméis.

Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.

Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.

Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer.

Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.

Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico.

Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.

Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir.

Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.

Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro.

No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros.

No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior.

Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición.

De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser.

Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.

Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad.

En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si sois aventureros. Bajo ella estaban las palabras:

“Sigue hambriento. Sigue alocado”.

Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado.

Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso a vosotros.

Seguid hambrientos. Seguid alocados.

Muchísimas gracias a todos.


ElClubdelosRicos

"Aprender a Perder" Extracto del libro "EL ARMERO" de Cesar Leo Marcus

Cuando practicamos yudo, que es un deporte defensivo, lo primero que nos enseñan es a caer, relajando el cuerpo y entregarnos con toda confianza a la fuerza de gravedad, y sentir la atracción terrestre como una tierna caricia, entonces el suelo se hará amable y nos recibirá con suavidad. La teoría es que cuando se aprende a caer, automáticamente se aprende a levantarse, dejarse caer significa tomar la fuerza necesaria para volver a la lucha.

Si le enseñamos yudo a nuestros sentimientos, a nuestro ego, a nuestras pasiones, viviremos felices, si nos despojamos del orgullo, del miedo al ridículo, de la obligación de parecer perfectos, no resultará grave caer porque nos levantaremos rápidamente.

Aprender a Perder

Hay diez tips importantes para analizar y aprender de nuestros errores y fracasos:

1- Nuestro cuerpo no siempre tiene la misma predisposición hacia el esfuerzo diario, no somos una máquina, y nuestro "motor" no siempre está en las mismas condiciones. Lo que hoy salió mal, mañana saldrá bien.

2- No temas al ayer y al mañana, no vivas la vida como un desafío o revancha. El pasado y el futuro están en tu mente, no existen, al presente es lo único real.

3- Busca las explicaciones que te ayuden a interpretar los errores cometidos. Las cosas no siempre salen redondas, pero si aprendemos de esos errores podremos corregirlos sabiamente Sólo detectando tus deficiencias puedes empezar a trabajar para subsanarlas en el futuro.

4- Sé realista al plantear tus objetivos, la sobrevaloración es un error que a menudo cometen la mayoría de las personas, creando falsas expectativas. Conocer tus límites te hará plantear objetivos y metas realizables.

5- Busca cambios para mejorar, separa los errores en superficiales y profundos, en pasajeros o crónicos, y concentrate en los profundos y crónicos, porque los otros desaparecerán solos. Analiza si tu modo de vida es el adecuado a tus objetivos. Tal vez algo en el “guion” de tu vida no es correcto

6- Siempre piensa en positivo, tomar acción ya es importante, hacer algo que te acerque a tu meta es valioso, debes sentirte satisfecho simplemente por el hecho de poder hacer lo que deseabas, aunque los resultados no te acompañen. La vida es mucho más que el triunfo o el éxito.

7- La persona que ves en tu espejo es la más confiable del mundo, tú eres lo más importante que tienes en tu vida, confía en ti por sobre todo. La autoestima es una condición indispensable para triunfar, es lo que define esa línea que separa la victoria de la derrota.

8- Piensa que todo lo que emprendes es como la figura de una moneda en el aire, saldrá tantas veces cara como lo desees, pero si alguna vez sale cruz, no importa, siempre tienes la oportunidad de volver a arrojarla. Monedas hay muchas, pero tú eres único.

9- No te detengas ante el fracaso, piensa que el éxito te espera a la vuelta de la esquina, analiza los errores, pero sigue adelante, preparate para la próxima batalla, no le permitas a tu cerebro que te llene de odios y rencores, o que se regodee en tus errores. Tu vida no es una fotografía, vive tu vida como una película de acción, donde tú eres el protagonista.

10- Aprende a perder, como decía el Rabino Zev ben Itzjhak:
“Quien tiene SUERTE de cometer errores, de equivocarse, de fracasar, es porque tiene SUERTE de corregir el rumbo… las cosas no pasan por un porque, pasan por un para que”. “Elegir, decidir y crear, es la Bendición más grande que nos dio el Creador, gracias a esto somos libres, y la libertad es un Don maravilloso”.

Extracto del libro "El Armero" de Cesar Leo Marcus

ElClubdelosRicos

Negaciones y Afirmaciones

«Tú decretarás una cosa y ella te será dada.»
Todo el bien que debe manifestarse en la vida de un hombre es ya un hecho cumplido en el Entendimiento Divino.
Para actuar, Él espera que el hombre le reconozca o pronuncie la palabra, o sea que es el mismo hombre quien debe decretar, para que la Idea Divina se manifieste en su plenitud, ya que, con frecuencia, decreta por «sus vanas palabras» el pecado y la tristeza. Es de la máxima importancia que se pronuncien correctamente las peticiones, como ya se indicó en el capítulo anterior. Si se desea un hogar, amigos, una posición, o cualquier otra cosa buena, es necesario pedir la «selección divina».
Por ejemplo: «Espíritu Infinito, abre las vías que conducen a mi verdadero hogar, mis verdaderos amigos, mi verdadera posición. Yo Te agradezco que se manifieste ahora mismo, por la gracia y de una manera perfecta».
El fin de la afirmación es de una importancia capital. Veamos a continuación una prueba de ello: una de mis conocidas pidió mil dólares. Su hija fue víctima de un accidente y recibió mil dólares de indemnización, o sea que ella recibió lo que había pedido, aunque de una «manera no perfecta». El pedido debe ser hecho de la manera siguiente: «Espíritu Infinito, yo Te ruego que los mil dólares que me pertenecen por derecho divino sean liberados ahora mismo y me lleguen por la gracia y de una manera perfecta». A medida que se desarrolla su conciencia de la riqueza, es conveniente precisar que las enormes sumas de dinero que nos pertenecen por derecho divino lleguen hasta nosotros por la gracia y por los medios perfectos.
Es imposible dar un curso verdaderamente libre a aquello que no creemos posible, pues nos encontramos limitados por las pretensiones del subconsciente. Es necesario ampliar esas pretensiones a fin de recibir más.
El hombre se limita, a menudo, en sus pedidos. Así un estudiante pide seiscientos dólares, para una cierta fecha.
Finalmente, los obtiene, pero poco después se da cuenta de que, en realidad, desearía recibir mil. Sin embargo, y según la palabra que fue pronunciada, se le dan los seiscientos.
«Ello tiene limitado al Santo de Israel.» La riqueza es un asunto de conciencia. Los franceses tienen una leyenda que ilustra esta verdad. Un pobre hombre sale a la calle donde encuentra a un viajero que le para y le dice: «Amigo mío, veo que está usted muy triste, coja este lingote de oro, véndalo y será rico para toda la vida». El hombre, entusiasmado de alegría por la buena suerte, se llevó el lingote a casa. Inmediatamente, encontró trabajo y ganó tanto dinero que no tuvo necesidad de vender el lingote de oro. Transcurrieron los años, y el hombre se hizo muy rico. Un buen día, se cruzó en su camino un pobre; el hombre lo detuvo y le dijo: «Amigo mío, yo le daré un lingote de oro, véndalo y será rico por toda la vida». El mendigo cogió el lingote, lo examinó y, se dio cuenta de que aquello no era más que cobre.
Así pues, vemos cómo el primero de estos dos hombres se hizo rico porque tenía un sentimiento de riqueza, pensando que el lingote era de oro.
Todo hombre trae consigo su propio lingote de oro; ésta es la conciencia del oro, de la riqueza, que atrae la riqueza a su vida.
Al formular sus peticiones, es necesario empezar por el fin, es decir declarar haber recibido ya. «Antes de que me llamen, yo responderé.» Al afirmarla continuamente, la fe se establece en el subconsciente.
No sería necesario repetir una afirmación si se tuviera una fe perfecta. No se debe suplicar, ni implorar, sino dar gracias constantemente por aquello que ya se ha recibido.
«El desierto se alegrará y se abrirá como una rosa.» El hecho de alegrarse mientras aún estamos en el desierto (estado de conciencia) abre la vía de la liberación. La oración dominical es, a la vez, un mandamiento y una petición. «Danos, hoy el pan nuestro de cada día y perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a quien nos hayan ofendido»; y termina por la alabanza: «Pues es a Ti a quien yo pertenezco, por todos los siglos, el Reino, La Fuerza y la Gloria. Amén».
Así pues, esta oración es un mandamiento y una petición, una alabanza y una acción de gracias. El trabajo del estudiante consiste en llegar a creer «que con Dios todo es posible».
Esto parece fácil, así, tomado en abstracto, pero es un poco más difícil cuando nos encontramos en presencia de una dificultad.
Por ejemplo, es necesario que una mujer atraiga una gran suma de dinero, para una determinada fecha. Ella sabe que debe hacer cualquier cosa para obtener una realización (pues la realización es la manifestación), y pide sus directrices. Poco después, al pasar ante una gran tienda, se fija en un bonito abridor de cartas de esmalte rosado expuesto en el escaparate. Se siente atraída por el objeto y piensa en seguida: «Yo no tengo un abridor de cartas tan elegante para abrir cartas que contengan grandes cheques».
Compra entonces uno, pero su razón le dice que estaba loca por haber hecho tal gasto. Sin embargo, cuando lo tiene en su mano, se ve, en su imaginación, abriendo un sobre que contiene un cheque importante, y algunas semanas después, efectivamente, recibió el dinero que necesitaba. El abridor de cartas de esmalte rosado fue la forma mediante la cual había pasado a poner en marcha su fe activa.
Hay abundantes relatos sobre la fuerza del subconsciente cuando está dirigido por la fe.
Un hombre, por ejemplo, pasó la noche en una finca. Las ventanas de su habitación estaban todas cerradas y, en medio de la noche, al sentirse sofocado, se dirigió en la oscuridad hacía una de las ventanas. No logró abrirla y rompió con el puño el cristal de la ventana; después de eso, pasó una noche excelente.
A la mañana siguiente, se dio cuenta de que él sólo había roto los cristales de la estantería de libros, mientras que la ventana había permanecido cerrada durante toda la noche. Él estaba buscando el oxígeno y pensaba solamente en el oxígeno.
Cuando un estudiante empieza a hacer demostraciones de la ley espiritual, no debe volver atrás jamás: «Aquel que vacila no piense que recibirá lo que es del Señor».
Un estudiante negro dijo un día una cosa maravillosa: «Cuando pido cualquier cosa al Padre, soy categórico, y digo: "Padre, no aceptaré menos de lo que pido, sino en todo caso más"».
Así, el hombre no debe transigir nunca. «Una vez que haya hecho lo necesario, mantenga su posición.» A veces, éste es el momento más difícil de la demostración. Constantemente nos sentimos tentados a abandonar, retrasarnos, transigir.
No se olvide que «También sirve a aquel que no hace sino esperar tranquilamente». Las demostraciones se realizan, a menudo en la décimo primera hora, pues entonces el individuo se relaja, es decir, deja de razonar, y es en ese momento cuando la Inteligencia Infinita puede actuar. «Los deseos sombríos reciben una respuesta sombría, y los deseos violentos reciben una respuesta violenta, o tardan en realizarse.»
Una señora me preguntó por qué perdía o se olvidaba frecuentemente de sus gafas. Al analizar la cuestión, descubrimos que ella decía a menudo a los demás y a sí misma, con irritación: «Me gustaría librarme de estas gafas». Y su deseo impaciente se realizaba violentamente. Tendría que haber pedido una visión perfecta, pero no registraba en su subconsciente más que el deseo de librarse de sus lentes; así que continuamente los olvidaba o los perdía.
La dualidad de la actitud del espíritu provoca las pérdidas, las depreciaciones, como fue el caso de la persona que no apreciaba a su marido, o bien el miedo de la pérdida, que crea, en el subconsciente, la imagen de las pérdidas. Cuando el estudiante llegue a liberarse de su problema (a entregar la carga), sólo entonces obtendrá una manifestación instantánea.
Una señora estaba en la calle, en medio de un violento aguacero y su paraguas se dio la vuelta. Tenía que hacer una visita a unas personas que no conocía y no quería llegar allí con un paraguas roto. Por otra parte, tampoco podía tirarlo, pues no le pertenecía. Desesperada, rogó: «Oh, Señor, hazte cargo de este paraguas; yo no sé qué hacer con él».
Un instante después, una voz le dijo: «Señora, ¿quiere que le arregle el paraguas?». Un reparador de paraguas se encontraba a su lado. Ella se apresuró a aceptar su oferta. El paraguas fue arreglado mientras ella se marchaba para realizar la visita que tenía que hacer; al regresar encontró un objeto prácticamente nuevo. Hay siempre al alcance de nuestras manos un reparador de paraguas.
Cuando no sabemos qué hacer con el paraguas, es decir, con la situación que nos preocupa, lo ponemos en las manos de Dios.
Una negación debe ir siempre seguida por una afirmación.

Ya era tarde, por la noche, cuando me llamaron por teléfono para tratar a un hombre al que jamás había visto. Él estaba aparentemente muy enfermo, Yo le dije: «Niego esta apariencia de enfermedad. Es irreal y, por lo tanto, no puede registrarse en su subconsciente; este hombre es una idea perfecta del Entendimiento Divino, pura sustancia de la perfección».
A la mañana siguiente el hombre se sentía mucho mejor y, al día siguiente ya se encontraba lo bastante bien como para reanudar sus actividades. En el Entendimiento Divino no hay tiempo, ni espacio; por lo tanto, la palabra alcanza instantáneamente su destino y no «vuelve vacía». Yo he tratado enfermos que se encontraban en Europa y los resultados fueron inmediatos.
Me preguntan a menudo cuál es la diferencia entre la imaginación y la visión, «visualizar» y «visionar». Imaginar, es un proceso mental gobernado por la razón o por la conciencia; la visión es un proceso espiritual, gobernado por la intuición o por el superconciente.
El estudiante debe entrenar su espíritu a recibir la inspiración y a realizar estas «imágenes divinas» mediante directrices claras. Hasta que un hombre no sea capaz de decir: «No deseo otra cosa que aquello que Dios quiera para mí», sus deseos erróneos no se borrarán de su conciencia y el Maestro Arquitecto, Dios en él, no le dará planes nuevos.
El plan de Dios, para todo hombre sobrepasa las restricciones del razonamiento eso siempre es la cuadratura de la vida que contiene la salud, la fortuna, el amor, la expresión de sí mismo más perfectas. Más de un hombre se construyó, en su imaginación, una casa de campo cuando debería construirse un palacio.
Si el estudiante intenta forzar la demostración (por la razón), eso mismo la mata. «Yo apresuraré las cosas», dijo el Señor. El hombre debe dejarse llevar por la intuición, o por directrices bien definidas. «Repósate en el Señor y espera con tranquilidad; fíate de Él, y te satisfará»
He visto actuar a la ley en condiciones extremadamente asombrosas. Por ejemplo, una estudiante me dijo que le era necesario obtener cien dólares para el día siguiente. Los necesitaba para pagar una deuda, así que era de una importancia vital que se los procurase. Yo «pronuncié la palabra», declarando que el Espíritu jamás se retrasa y que la riqueza está siempre al alcance de las manos.
Esa misma noche, la joven me llamó por teléfono para comunicarme que se había producido el milagro. Tuvo la idea de examinar los papeles que estaban en su caja fuerte del banco. Antes de verificar sus documentos encontró, en el fondo de la caja, un billete nuevo de cien dólares. Se quedó muy sorprendida y, según me dijo, estaba segura de no haberlo olvidado allí, pues verificaba a menudo aquellos papeles. Puede ser que esto fuera una materialización, como la que Jesús efectuó cuando materializó los panes y los peces.
El hombre alcanzará el estadio en el que «la palabra se hace carne», es decir, en el que se materializará instantáneamente. «Los campos prestos para la cosecha» se manifestarán inmediatamente, como todos los milagros de Jesucristo. Únicamente el nombre de Jesucristo tiene una fuerza formidable. Él representa la Verdad manifestada. Él declaró: «Todo lo que pidáis a mi Padre, en mi nombre, Él os lo dará».
La fuerza de este nombre eleva al estudiante hasta la cuarta dimensión, allí donde se encuentra liberado de todas las influencias astrales y psíquicas, y donde se convierte en alguien «no atado por ningún condicionante, en
alguien absoluto, del mismo modo que Dios no se ve atado por nada y es absoluto».
He visto producirse numerosas curaciones, en respuesta a las palabras «En nombre de Jesucristo». Cristo fue, a la vez, persona y principio; y el Cristo que hay en cada hombre es su propio Redentor y su Salvador.
El Cristo interior, es el Yo de la cuarta dimensión, el hombre hecho a la imagen de Dios y según su semejanza. Es el Yo («Yo soy») que no conoce el pecado, ni la enfermedad ni el sufrimiento, que no nació jamás y jamás murió. Es la «Resurrección y la Vida» en cada hombre.
«Nadie vendrá al Padre, sino a través del Hijo», significa que Dios, el Universal, actúa sobre el plano de lo particular, por medio del Cristo en el hombre; y el Espíritu Santo significa Dios en acción.
Así, cotidianamente, el hombre manifiesta la Trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pensar debería alcanzar la perfección de un arte. Aquel que llega a esta maestría debe tener gran cuidado para no pintar sobre la tela de su espíritu más que, según el designio divino, pinta sus cuadros con magistrales toques de fuerza y de decisión, con una fe tan perfecta que no hay poder capaz de alterar su perfección, sabiendo que eso se manifestará en su vida, como lo ideal que llega a convertirse en lo real. Todo poder es dado al hombre (por el pensamiento justo) para realizar su Cielo en la Tierra y alcanzar la meta del «Juego de la Vida».
Es Juego de La Vida Sus reglas son la fe exenta de miedo, la no resistencia y el amor.
Pueden cada uno de nuestros lectores, ser liberados de aquello que los mantuviera prisioneros durante tantos años, separándoles de lo que les pertenecía, y pueden «conocer la Verdad que les hará libres». Libres, para cumplir su destino, para provocar la manifestación del designio divino que hay en su vida, la Salvación, la Riqueza, el Amor y la Expresión perfecta de sí mismos.
«Véanse a sí mismos transformados a través de la renovación de su espíritu.»
NEGACIONES Y AFIRMACIONES

(Para la Prosperidad)
Dios es mi riqueza infalible, y grandes sumas de dinero vienen rápidamente a mí, por la gracia y los medios perfectos.

(Para Condiciones Armoniosas)
Todo plan que mi Padre Celestial no haya concebido se desagrega y se disipa, y el Plan Divino se manifiesta.
Sólo aquello que es verdad de Dios es verdad para mí, pues yo y el Padre, somos uno.

(Para la Fe)
Como yo soy uno con Dios, no soy más que uno con mi bien, pues Dios es a la vez el Dador y la Dádiva. Yo no puedo separar el Dador de la Dádiva.

(Para condiciones Armoniosas)
El Amor Divino desagrega y disipa ahora todo estado discordante en mi espíritu, en mi cuerpo y en mis asuntos.
El Amor Divino es el más poderoso Químico del Universo y disuelve aquello que no es Él mismo.

(Para la Salud)
El Amor Divino inunda mi conciencia de salud y cada una de las células de mi cuerpo de luminosidad.

(Para la vista)
Mis ojos son los ojos de Dios, yo veo con los ojos del espíritu. Veo claramente la vía abierta; no hay obstáculos en mi camino. Veo claramente el Plan perfecto.

(Para las Directrices)
Yo soy divinamente sensible a mis directrices intuitivas y obedezco instantáneamente a Tu Voluntad.

(Para los Oídos)
Mis oídos son los oídos de Dios; escucho con los oídos del espíritu. Yo soy no resistente y estoy dispuesto a dejarme conducir. Yo oigo.

(Para el Trabajo)
Tengo un trabajo maravilloso, Divinamente dado, Doy de mí lo mejor Y estoy muy bien pagado.

(Para estar liberado de toda esclavitud)
Yo entrego esta carga al Cristo que hay en mí y sigo adelante..., ¡LIBRE!

EL JUEGO DE LA VIDA … Y CÓMO JUGARLO
de Florence Scovel Shinn

ElClubdelosRicos

La Perfecta expresion de si mismo o el designio Divino

«Ningún viento puede extraviar mi barca ni cambiar el curso de mi destino.»

Para todo hombre existe una perfecta expresión de sí mismo. Hay un sitio que él debe ocupar y que nadie podrá ocupar en su lugar; hay cosas que él mismo debe hacer y que nadie podrá hacer por él, ése es su destino.
Esta idea perfecta, mantenida en el Entendimiento Divino, espera a que el hombre la reconozca. Pues la facultad de la imaginación es una facultad creadora, necesaria para que el hombre perciba la idea antes de que ésta sea realizada.
Así pues, el llamamiento más elevado que puede recibir el hombre se refiere al designio divino de su vida. Es posible que no se tenga ni la menor idea de ello, pero lo cierto es que puede tener, profundamente escondido en sí mismo, algún talento maravilloso.
Su llamamiento deberá ser: «Espíritu Divino, abre la vía para que le se manifieste el designio divino de mi vida; que el genio que existe en mi sea liberado; que pueda comprender con toda claridad el Plan Perfecto».
El Plan Perfecto comprende la salud, la fortuna, el amor y la perfecta expresión de sí mismo. Ahí está la cuadratura de la vida que trae consigo la felicidad perfecta. Después de haber hecho este llamamiento, grandes cambios pueden producirse en la vida de una persona, pues todos los hombres están lejos del designio divino.
Conozco el caso de cierta persona: parecía como si un ciclón hubiera devastado todos sus asuntos, pero éstos se reorganizaban rápidamente y nuevas y maravillosas condiciones no tardaban en sustituir a las viejas.
La expresión perfecta de sí mismo no se manifestará nunca como una tarea ingrata, pero tendrá un interés tan absorbente que parecía como si se tratara de un juego. Aquel que se inicia a la verdad también sabe que al penetrar en el mundo donde Dios dirige las finanzas, la riqueza necesaria para su más perfecta expresión estará al alcance de su mano.
Más de un genio ha tenido que pasar durante años por problemas financieros, pero aquellos que pronuncian la palabra con fe liberarán rápidamente los fondos necesarios.
¿Quiere ver un ejemplo de ello? Después de un curso, un estudiante acudió a verme y me enseñó un centavo. Entonces me dijo: «Sólo tengo siete centavos, y le daré uno a usted, pues tengo fe en el poder de su palabra; le pediré que pronuncie la palabra para mi perfecta expresión y mi prosperidad».
Así pues, «pronuncié la palabra» y no volví a saber nada de él durante un año. Finalmente, regresó un día con aspecto de sentirse perfectamente feliz, en pleno éxito, con una cartera llena de billetes de banco. Me dijo en seguida: «Después de que usted pronunciara la palabra, me apareció una oportunidad en un pueblo y encontré la salud, la felicidad y la riqueza.»
Para una mujer, la expresión perfecta puede venir del hecho de ser una esposa notable, una madre ideal, una dueña de casa realizada, sin seguir necesariamente una carrera brillante. Pida directrices nítidas y el camino le será trazado, con facilidad y lleno de éxito.
No debemos «representarnos», ni forjarnos una imagen cuando pedimos que el designio divino penetre en nuestra conciencia; recibimos la clara inspiración y empezamos a ver cumplidas grandes cosas. Ahí está la imagen o la idea a la que es conveniente atenerse sin la menor vacilación. Aquello que el hombre busca también al hombre. ¡El teléfono buscó a Bell!
Los padres jamás deberían imponer sus carreras o sus profesiones a sus hijos. Conociendo la Verdad Espiritual, ya en los primeros años de la vida del niño, o incluso antes de su nacimiento, deberían pronunciar la palabra para que se realice el Plan Divino. Un tratamiento prenatal debería hacerse de la siguiente manera: «Que Dios que está en este niño se exprese perfectamente; que los designios divinos para su espíritu, su cuerpo y sus asuntos se manifiesten durante toda su vida, durante toda la Eternidad».
Que la voluntad de Dios sea hecha y no la del hombre; según el modelo de Dios y no el del hombre. Este es el mandamiento que encontramos constantemente en las Escrituras, y la Biblia es un libro que trata de la Ciencia del Espíritu y que enseña al hombre a liberar su alma (el subconsciente) de la esclavitud.
Las batallas que se describen en ese libro representan las luchas del hombre contra los pensamientos mortales. «Los enemigos del hombre serán aquellos de su propia casa.» Todo hombre es Josué y todo hombre es David que extermina a Goliat (el pensamiento, el entendimiento mortal) gracias a una pequeña piedra blanca (la fe).
Así, el hombre debe vigilar para no ser un «mal servidor» que entierra su talento, para no servirse de aquellos dones que entrañan terribles penalidades. Con frecuencia, el miedo impide al hombre expresarse correctamente. El «miedo» ha atormentado a más de un genio; pero el miedo puede superarse por medio de la palabra pronunciada o por el «tratamiento»; el individuo pierde, toda la conciencia de sí mismo y siente solamente que hay sólo un medio para expresar la Inteligencia Infinita.
Se encuentra entonces bajo la inspiración directa, liberado de todo miedo, lleno de confianza, pues siente al «Padre que hay en él» y que actúa.
Un joven asistía con frecuencia a mi curso, en compañía de su madre. Me pidió que «pronunciara la palabra» para un examen al que iba a tener que someterse.
Yo le aconsejé que hiciera esta afirmación: «Estoy unido a la Inteligencia Infinita; sé todo lo que debo saber sobre esta asignatura»; poseía excelentes conocimientos de historia, pero no estaba muy seguro de sus conocimientos en aritmética.
Tuve la ocasión de verle poco tiempo después: «Pronuncié la palabra para la aritmética y recibí una de las mejores notas, pero me fié de mí mismo para la historia y mis notas fueron muy bajas».
El hombre recibe un golpe cuando está muy seguro de sí mismo, pues ha puesto toda la confianza en su personalidad y no en el «Padre que está en él».
Otra de mis alumnas me dio el siguiente ejemplo. Un verano, hizo un largo viaje, visitando numerosos países cuya lengua ignoraba. A cada instante pedía las directrices y la protección divinas, y todo se resolvía milagrosamente.
Sus equipajes jamás se retrasaron ni se perdieron. Siempre encontraba los mejores hoteles y todo le fue perfectamente servido. Regresó a Nueva York donde, al conocer la lengua, pensó que Dios ya no era necesario e hizo sus cosas sin rogarle más.
Todo le salió mal; sus equipajes se perdieron en medio de la agitación y del desorden. El estudiante de metafísica debe tener la costumbre de «practicar la Presencia de Dios» a cada minuto. «Reconocerle en todas las direcciones», porque nada es insignificante, ni demasiado importante. A veces, un incidente pequeño puede transformar toda una vida.
Robert Fulton, que se hallaba mirando hervir dulcemente el agua en una tetera, se imaginó un buque transatlántico. He visto con frecuencia a un estudiante retrasar su demostración por su resistencia o bien porque él mismo quería elegir su camino. De esta manera, limitaba su fe y paralizaba la manifestación.
«¡Mis caminos y no tus caminos!» ordena la Inteligencia Infinita. En el caso de cualquier clase de energía, ya se trate del vapor o de la electricidad, es necesario un instrumento que no ofrezca ninguna resistencia y ese instrumento es el hombre. Constantemente, las Escrituras le aconsejan al hombre que «esté tranquilo». «Oh Judá, no tengas miedo, pero mañana sal a su encuentro, pues el Señor estará contigo. No tendrás que combatir en esta batalla, relájate, ten tranquilidad y contempla la liberación del Señor que está contigo.»
Así lo constatamos en el caso anterior en el que una señora recibió del propietario del inmueble donde vivía sus dos mil dólares cuando ella adoptó una actitud no resistente y de una fe imperturbable, y también en el caso de aquella otra que ganó el amor del hombre al que amaba «cuando hubo cesado todo sufrimiento».
El objetivo del estudiante en metafísica es el equilibrio, el dominio de sí mismo. El dominio de sí mismo es su fuerza, pues da a la fuerza Dios la posibilidad de fluir a través del hombre, a fin de «actuar según Su bien querer». Dueño de sí mismo, el estudiante piensa claramente y «toma rápidamente las decisiones correctas». «La suerte no le falta nunca.»
La ira altera la visión, envenena la sangre: es la causa de enfermedades y de decisiones que conducen al desastre.
La ira suele incluirse entre los pecados capitales, tanto en cuanto a sus reacciones como en cuanto a sus efectos maléficos. El estudiante aprende que en metafísica la palabra pecado tiene un sentido mucho más amplio que aquel que se enseñaba antiguamente: «todo lo que es contrario a la fe es pecado».
Se da cuenta de que el miedo y la inquietud son pecados mortales. Es la fe a la inversa, ya que por medio de imágenes mortales deformadas, provoca precisamente aquello que rechaza. Su trabajo consiste en rechazar a sus enemigos (más allá del subconsciente). «Cuando el hombre esté exento del miedo, será perfecto.» Pero como dijo Maeterlink, «el hombre tiene miedo de Dios».
Así pues, tal y como hemos visto en los capítulos anteriores, el hombre no puede vencer el miedo más que enfrentándose a aquello que lo asusta. Cuando Josafat y su ejército se preparaban para salir al encuentro del enemigo, cantó: «Loado sea el Señor, pues su misericordia dura por toda la eternidad». Se dio cuenta entonces de que sus enemigos se estaban matando los unos a los otros, y que ya no quedaba nadie contra quien combatir.
Una persona había pedido a una de sus amigas que transmitiera un mensaje a una tercera persona. Esta amiga temía dar ese paso pues la razón le aconsejaba: «No te pelees por este asunto y no te hagas responsable de este encargo».
Se sentía bastante inquieta, a pesar de haber pronunciado su palabra. Finalmente, decidió «afrontar al león» e hizo un llamamiento a la ley de la protección divina. Se encontró entonces con la persona a la que debía comunicar el mensaje que se le había encargado, abrió la boca para hacerlo así y, en ese mismo instante, esa otra persona le dijo: «Tal persona dejó el pueblo», lo que hacía inútil el mensaje que debía transmitir, puesto que la situación dependía de la presencia en el pueblo de aquella persona.
Como quiera que se le había rogado que actuara, es decir, que no resistiera, no se sintió obligada; precisamente porque no tenía miedo, la situación embarazosa desapareció por sí sola.
Los estudiantes retrasan a menudo su demostración manteniendo la idea de que estaba incompleta; deberían hacer la siguiente afirmación: «En el Espíritu Divino, todo está alcanzado; por lo tanto, mi demostración está completa, mi trabajo es perfecto, mi hogar es perfecto y mi salud también es perfecta». Cualquier cosa que pidamos, son ideas perfectas, archivadas en el Entendimiento Divino y que deben manifestarse «por la gracia y de una manera perfecta». Hay que dar las gracias por haber recibido en lo Invisible y prepararse activamente para recibir en el plano visible.
Otra de mis alumnas tenía la necesidad de hacer una demostración pecuniaria; acudió a verme para preguntarme por qué esta demostración no llegaba a producir un resultado.
«Quizá tenga usted la costumbre de no terminar aquello que emprende, y su subconsciente haya tomado la costumbre de no llegar a terminar las cosas» (como ocurre afuera ocurre adentro). «Tiene usted razón —me respondió ella—. Empiezo a hacer muchas cosas que no termino jamás.
Voy entrar en mi casa y a terminar de hacer una cosa que empecé hace varias semanas. Estoy segura de que eso será el símbolo de mi propia demostración.»
Se dedicó a terminar esa tarea y, ,al cabo de poco tiempo, consiguió terminar el trabajo. Poco tiempo después, el dinero le llegó de una manera curiosa. Aquel mismo mes, su marido recibió una paga doble de su salario. Convencido de que se trataba de una equivocación, lo comunicó así a sus jefes, y éstos, debido a su honradez, le dijeron que se lo quedara. Cuando el hombre pide con fe, no puede dejar de recibir, pues Dios crea sus propias vías.
A mí, en ocasiones, me hacen esta pregunta: «Suponga que se tienen varios talentos. ¿Cómo saber cuál de ellos elegir?». Pida recibir una dirección clara, y diga: «Espíritu Infinito, dame una indicación clara, revélame cuál debe ser mi perfecta expresión, enséñame cuál es el talento que debo utilizar actualmente».
He visto a personas liberarse, bruscamente, de una tarea y encontrarse plenamente competentes con poco o casi ningún aprendizaje. Yo afirmo: «Estoy totalmente equipada para el Plan Divino de mi vida», y afronto sin miedo las ocasiones que se presentan.
Ciertas personas dan voluntariamente, pero no saben recibir; rechazan los regalos, ya sea por orgullo o por cualquier otra razón negativa y agotan así sus fuentes e, invariablemente, se encuentran un poco desprovistas de todo.
Así, por ejemplo, a una señora que había dado mucho dinero acudieron a ofrecerle una donación de varios miles de dólares. Ella la rechazó, diciendo que no tenía necesidad. Poco después, sus finanzas se encontraron con problemas y la mujer tuvo que endeudarse exactamente por aquella misma cantidad que se le había ofrecido. Es necesario recibir con gracia el pan «que nos viene sobre las aguas»; libremente, usted ha dado; libremente debe recibir.
El equilibrio entre dar y recibir existe siempre, y aunque el hombre debe dar sin esperar nada a cambio, viola la ley aquel que no acepta aquello que le ofrecen, pues todo viene de Dios, y el hombre no es más que su canal. No se debe tener jamás un pensamiento de penuria con respecto a aquel que da.
Por ejemplo, cuando el oyente del que ya he hablado me entregó su centavo, yo no pensé: «Pobre hombre, no está en condiciones de darme este centavo». Lo he visto rico y próspero, recibiendo su parte de la abundancia que existe. Fue ese pensamiento el que le indujo a actuar como lo hizo. Si no se sabe recibir, es necesario aprender y, para hacer brotar las fuentes, saber aceptar lo que se nos ofrezca, aunque sólo sea un sello. El Señor ama tanto a aquel que sabe recibir como al que sabe dar.
Con mucha frecuencia se me ha preguntado por qué un hombre nace rico y saludable y otro pobre y enfermo. Allí donde se produzca un efecto, hay siempre una causa; el azar no existe.
Esta cuestión encuentra su respuesta en la ley de la reencarnación. El hombre pasa por numerosas vidas, por numerosas muertes, antes de conocer la Verdad que le permite ser libre. Se siente atraído hacia la tierra a causa de sus deseos anteriores insatisfechos, para pagar sus deudas kármicas o para «cumplir con su destino».
Por lo tanto, aquel que nace rico y saludable mantuvo en su subconsciente, en el transcurrir de su vida anterior, las imágenes de riqueza y de salud, mientras que aquel que está enfermo y pobre, creó las imágenes de enfermedad y pobreza. En cualquier plano que esté, el hombre manifiesta la suma total de las convicciones de su propio subconsciente.
Sin embargo, el nacimiento y la muerte son leyes establecidas por los hombres, pues «el pago del pecado, es la muerte», la expulsión de Adán de la conciencia por haber creído en dos poderes (el bien y el mal). El hombre real y el hombre espiritual no conocen el nacimiento, ¡ni la muerte! Él jamás nace y jamás muere, sino que «está en el comienzo y ¡estará siempre!».
Así pues, por el conocimiento de la Verdad, el hombre se libera de la ley del karma, del pecado y de la muerte y manifiesta al hombre creado a «imagen de Dios y según su semejanza». Su liberación se produce cuando ya ha cumplido su destino, haciendo surgir la manifestación del designio divino de su vida.
Su Señor le dirá: «Está bien, buen y leal servidor, tú has sido fiel en unas pocas cosas, yo te restableceré en muchas (incluyendo la muerte misma); entra en el gozo de tu Señor (la vida eterna)».
El Juego de La Vida Sus reglas son la fe exenta de miedo, la no resistencia y el amor.

ElClubdelosRicos

Intuicion, Direccion

«En cualquier camino que sigas reconócele y Él te dirigirá.»
Nada es imposible para aquel que conoce la fuerza de su palabra y que sigue las directrices de sus intuiciones.
Por la palabra hace entrar en acción las fuerzas invisibles y puede restaurar su cuerpo y transformar sus negocios.
Es por lo tanto muy importante elegir las palabras adecuadas, y las afirmaciones que vamos a proyectar en lo invisible.
Aquel que se dedica al estudio de la Ley espiritual sabe que Dios es su riqueza, que la abundancia divina responde a todas las demandas y que la palabra le permite surgir. «Pedid y recibiréis.»
El hombre debe dar el primer paso.
«Aproxímate a Dios y Él se aproximará a ti.»

Si alguien me pregunta qué se debe hacer para que se produzca una demostración, le respondo:
«Pronuncie la palabra, y no haga nada hasta que usted tenga una directriz precisa».
Pida una indicación y diga:
«Espíritu Infinito, guíame, hazme saber si hay alguna cosa que yo deba hacer.»
La respuesta vendrá por intuición, una reflexión de alguien, encontrada quizá en las páginas de un libro, etcétera.
Las respuestas son a veces sorprendentes en cuanto a su exactitud. Así, por ejemplo, una señora deseaba una gran cantidad de dinero. Ella pronunció estas palabras: «Espíritu Infinito, abre la vía que traerá hacia mí la abundancia, que todo lo que es mío por derecho divino, venga inmediatamente con profusión». Luego, añadió: «Dame una indicación precisa, hazme saber de cualquier cosa que yo necesite hacer». Enseguida apareció en su cabeza este pensamiento: «Dale a cierta amiga (que le había ayudado espiritualmente) cien dólares». Pero tuvo otro que le decía: «Espera a recibir otra indicación antes de hacerlo». Esperó, y entonces, en ese mismo día, encontró a una conocida que, en el curso de una conversación, le contó: «Hoy he dado un dólar a una persona, para mí es lo mismo que si usted hubiera dado cien». Ésta era una buena indicación; ella estaba segura de que tenía razón en lo de dar los cien dólares. Esta donación se reveló como un empleo excelente, pues poco tiempo después le llegó, de una manera sorprendente y extraordinaria, una suma grande de dinero. Dar es lo que abre la puerta para recibir. Para crear verdadera actividad en los asuntos financieros, hay que dar. El diezmo, es decir, la ofrenda de la décima parte de los ingresos, es una vieja costumbre judía que jamás ha dejado de suscitar la abundancia. Son muchos los que, entre los más ricos de este país, tienen la costumbre de ofrecer el diezmo. No conozco ninguna otra inversión mejor que ésta.
Recuperamos esta décima parte bendecida y multiplicada. Pero la donación deberá ser hecha con amor y alegría, pues «Dios ama al dador alegre». Las facturas deben ser pagadas voluntariamente; todo dinero debe ser entregado sin miedo y será acompañado por una bendición.
Esta actitud de espíritu convierte al hombre en dueño del dinero, que entonces se convierte en su servidor y la palabra que pronuncia abre las vastas reservas de la riqueza.
Es el hombre mismo quien, debido a su visión limitada, limita su abundancia.

A veces un estudiante que ha logrado una gran realización de riqueza, tiene miedo de actuar. La visión y la acción deben caminar juntas, como en el caso del señor que deseaba comprar el abrigo de piel.
Una consultante vino a pedirme que «pronunciara la palabra» en favor de una situación determinada. Yo le dije:
«Espíritu Infinito, abre la vía para la situación que convenga a esta persona». No pida jamás «una situación», sino la situación justa, es decir, aquella que ya está preparada en el Plan Divino, pues sólo ella podrá proporcionarle satisfacción.
Luego di gracias por aquello que ya se había recibido y para que la situación se manifestara rápidamente. Poco después, a esa persona le fueron ofrecidas tres oportunidades, dos en Nueva York y otro en Palm Beach, y ella no sabía con cuál quedarse. Yo le dije: «Pida una dirección precisa». La fecha límite para la respuesta estaba a punto de caducar y ella no había tomado todavía una decisión. Entonces, un día me llamó: «Desperté esta mañana —me dijo—, y tuve la impresión de sentir el perfume de Palm Beach». )
Ella ya había estado allí en el verano y conocía su aire embalsamado.
«En tal caso —le respondí—, ahí tiene con seguridad la indicación que tanto esperaba.» Así pues, aceptó lo que le ofrecieron, la cual, a su vez, le fue extremadamente favorable, en consonancia con las directrices que surgieron en un momento inesperado.
Un día caminaba por la calle cuando, súbitamente, decidí entrar en una determinada panadería que se encontraba un poco lejos de donde me hallaba en aquel momento. La razón me decía: «No hay nada en esta panadería que puedas necesitar». Sin embargo, decidí no ponerme a razonar, y me fui para allá. Cuando llegué observé a mi alrededor y me pareció que, en realidad, no necesitaba nada. Pero, de repente, encontré a una señora en la que había estado pensando y que necesitaba una gran ayuda que yo podía ofrecerle.
Así pues, cuando se busca una cosa a menudo se encuentra con otra.
La intuición es una facultad espiritual que no tiene explicación, pues no hace más que enseñar el camino. Con frecuencia se recibe una dirección durante un «tratamiento». La idea que surge puede parecer incongruente, pero ciertas directrices de Dios son «misteriosas».
En el transcurso de un curso, un buen día me encontraba dedicada a efectuar «tratamiento» para que cada estudiante recibiera una indicación bien definida. Después del curso, una alumna vino a decirme: «Mientras usted "trataba", yo tuve la idea de sacar mis muebles del garaje y de alquilar un apartamento». Y sin embargo había acudido a verme por un problema de salud. Yo le dije que si tuviera un hogar, su salud estaría mejor y añadí: «Creo que su enfermedad, que es digestiva, proviene del hecho de que usted deja todas sus cosas de lado. La congestión de las cosas provoca la congestión del cuerpo. Usted ha violado la ley de la circulación y su cuerpo paga ahora las consecuencias». Después, di gracias de que «el Orden divino se hubiera vuelto a restablecer en su espíritu, en su cuerpo y en sus asuntos».
No sabemos hasta qué punto los asuntos actúan sobre la salud. Toda enfermedad comporta una correspondencia mental. Una persona puede curarse instantáneamente cuando comprende que su cuerpo es una idea perfecta del Entendimiento Divino y, en consecuencia, que está sana y es perfecta. Pero si continúa pensando de una manera destructiva, si es avara, si odia, si teme, si condena, la enfermedad se reproducirá. Jesucristo sabía que toda enfermedad proviene del pecado. Después de haber curado a un leproso, le dijo: «Ve y no peques más por temor a que un mal mayor te aflija».
Así es, el alma (el subconsciente) debe ser lavada y volverse blanca como la nieve para que la cura sea permanente. Los metafísicos hacen profundos sondeos para descubrir esa clase de «correspondencias». Jesucristo dijo:
«No juzgues a fin de no ser juzgado.»
Muchos atraen la enfermedad y
la tristeza cuando condenan a los otros.
Aquello que el hombre desea para el prójimo,
eso es lo que atrae para sí mismo.

Una amiga vino a verme llena de cólera y de dolor porque su marido la había abandonado por otra. Mi amiga censuraba a esta mujer y repetía sin parar: «Ella sabía que él era casado y no tenía el derecho de aceptar los galanteos de él». Yo le respondí: «Deja ya de condenar a esa mujer. En lugar de eso, bendícela y termina con esta situación, porque si no lo haces atraerás lo mismo sobre ti».
Ella hizo oídos sordos a mis palabras y uno o dos años más tarde ella misma se enamoró de un hombre casado.
Cuando se critica o se condena, es como si el hombre estuviese enchufado a un cable de alta tensión. Lo mínimo que puede esperar es un calambrazo.
La indecisión es una piedra de obstáculo en su camino. Para superarla, repita sin cesar:

«Yo siempre tengo la inspiración directa, y tomo rápidamente las buenas decisiones».

Estas palabras impresionan el subconsciente y no se tarda en encontrar la actitud alerta y verse despojado de toda duda. Aprendí que puede ser nefasto buscar esta directiva en el plano psíquico, pues en este plano hay numerosos espíritus y no un Espíritu Único.
A medida que el hombre abre su espíritu a la subjetividad, se convierte en blanco de las fuerzas destructivas. El plano psíquico es el resultado del pensamiento mortal, es el plano de las «oposiciones». En él recibimos mensajes tanto buenos como malos.
La ciencia de los números, los horóscopos, mantienen al hombre en el plano mental (o mortal), pues no se ocupan más que de la vía kármica.
Conozco a un señor que, según su horóscopo, debería estar muerto desde hace algunos años. Él se encuentra bien, y dirige uno de los mayores movimientos de su país, para el bien de la humanidad. Para neutralizar una predicción nefasta, hay que poseer una gran fuerza mental.
El estudiante debe declarar: «Toda predicción falsa será inhabilitada; todo plan que no viene de mi Padre celeste será eliminado y se disipará; la idea divina se realiza ahora».
Sin embargo, si recibimos un buen mensaje, un mensaje que anticipe la felicidad o la fortuna, debemos acogerlo y esperar su realización, lo que contribuirá a producir su manifestación.
La voluntad humana debe servir para sostener la voluntad divina. «Yo quiero que la voluntad de Dios sea hecha.»
La voluntad de Dios es conceder a cada uno los deseos legítimos de su corazón, y la voluntad del hombre debe ser empleada para mantener, sin la menor vacilación, una visión que debe ser perfecta.
El Niño Prodigio declaró: «Yo me levantaré e iré en dirección a mi Padre».
A veces es necesario realizar un esfuerzo de voluntad para abandonar las «algarroba y los cerdos» del entendimiento humano. Para el común de los mortales es mucho más fácil temer que tener fe: la fe es un esfuerzo de la voluntad.
Al despertar a la espiritualidad, el hombre reconoce que todo lo que se halla en discordancia a su alrededor se corresponde con una desarmonía mental. Si el hombre tropieza y se cae, siempre puede decir que tropezó y cayó debido a su propio entendimiento.
Un día, una de mis alumnas salió por la calle, sumida en unos pensamientos en los que se dedicaba a condenar a alguien. Se decía a sí misma: «Esta mujer es la más desagradable de la tierra». Entonces, bruscamente, tres scouts aparecieron repentinamente tras dar la vuelta a una esquina y la hicieron caer al suelo. Ella no hubiera querido que eso sucediera así, pero inmediatamente apeló a la ley del perdón en un «saludo a la divinidad» que había en aquella otra señora. Las vías de la sabiduría son vías agradables y llenas de paz.
Cuando se hace una llamada al Ser Universal, hay que esperar sorpresas. Todo puede parecer que va mal, pero en realidad todo va bien.
Una estudiante aprendió que no hay pérdida en el Entendimiento divino y que, consecuentemente, ella no podría perder aquello que le pertenecía, y en caso de pérdida recibiría su equivalente.
Unos años antes, esta persona perdió dos mil dólares. Había prestado ese dinero a un pariente, que murió sin hacer mención del préstamo en su testamento. Esta alumna se sentía llena de amargura y de cólera pues no tenía ninguna prueba de que se hubiera producido esta transacción. Decidió negarse a aceptar la pérdida y pidió dos mil dólares a la Banca del Ser Universal. Comenzó por perdonar a su familiar, pues el rencor y el rechazo a perdonar cierran las puertas de este banco maravilloso.
Ella afirmó: «Niego esa pérdida; no hay pérdida alguna en el Entendimiento Divino. En consecuencia, no puedo perder estos dos mil dólares que me pertenecen por derecho divino. Cuando una puerta se cierra, otra puerta se abre».
Esta mujer vivía en un piso de un edificio que estaba en venta; el contrato tenía una cláusula por la que se estipulaba que si la casa se ponía en venta, los inquilinos se verían obligados a mudarse en el término de noventa días.
Bruscamente, el propietario hizo un nuevo contrato y aumentó los alquileres. De nuevo la injusticia surgió ante su camino, pero esta vez ella no se alteró. Bendijo al propietario y se dijo a sí misma: «Este aumento del alquiler significa que yo seré más rica, pues Dios es mi riqueza».
Los nuevos contratos establecieron los nuevos alquileres, pero, debido a un error providencial, la cláusula de los noventa días fue omitida.
Poco después, el propietario tuvo la ocasión de vender su casa. Gracias al error cometido en los nuevos contratos, los inquilinos pudieron quedarse en los pisos que ocupaban durante un año.
El gestor ofreció a cada uno de ellos doscientos dólares para que se marchasen. Muchas familias se cambiaron, y otras tres se quedaron, incluida la señora en cuestión. Transcurrieron uno o dos meses. El gestor volvió a ponerse en contacto con los inquilinos. En esta ocasión, le propuso a mi amiga: «¿Usted aceptaría la cuantía de mil quinientos dólares?». En ese mismo instante, ella se dio cuenta de lo que ocurría: «¡Mira por dónde, aquí están mis dos mil dólares!». Ella se dirigió a sus vecinos que todavía vivían en el mismo edificio: «Actuaremos juntos si nos quieren echar». Su dirección consistió, por lo tanto, en consultar con sus vecinos.
Ellos declararon: «Si le ha ofrecido a usted mil quinientos dólares, con seguridad nos darán dos mil dólares a cada uno». Y así fue, en efecto, ella recibió un cheque de dos mil dólares a cambio de su marcha.
Este hecho es una gran demostración de la ley, la injusticia aparente no pudo sino abrir la puerta a la demostración.
Esto demuestra que no hay pérdida y que cuando el hombre actúa según la ley espiritual, obtiene todo aquello que es de él en el gran Depósito del Bien. «Yo te devolveré los años destruidos por las langostas.»
Las langostas no son más que las dudas, los miedos, los resentimientos y las lágrimas del entendimiento mortal.
Por sí solos, estos pensamientos adversos pueden terminar por destrozar al hombre, pues «ninguno da al hombre sino él mismo, y nadie le roba sino él mismo».
Nosotros estamos aquí para hacer la prueba de Dios y «para dar testimonio de la Verdad», puesto que sólo nosotros podemos demostrar que Dios hace surgir la riqueza de la penuria y la justicia de la injusticia. «Ponedme a prueba —dice el Eterno a la muchedumbre—. Y veréis si no abro para vosotros las compuertas de los cielos, si no derramo sobre vosotros una bendición tal que no tendréis lugar para guardarla» (Mal. III, 10).
El Juego de La Vida Sus reglas son la fe exenta de miedo, la no resistencia y el amor

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El AMOR

Todo hombre de este planeta está siempre iniciándose en el amor. «Os doy un nuevo mandamiento, que os améis los unos a los otros».
Ouspensky dijo en Tertium Organum, que el amor es un fenómeno cósmico que abre al hombre la cuarta dimensión, que es «el mundo de las maravillas». El verdadero amor es desinteresado y está exento de todo miedo. Se derrama sobre el objeto de su afecto sin que pida nada a cambio. Su alegría está en la alegría de dar. El amor es Dios que se manifiesta con la gran fuerza magnética del Universo. El amor puro, exento de todo egoísmo, atrae a aquello mismo que le pertenece; no busca ni pide nada.
Nadie, por así decirlo, tiene siquiera una pequeña idea del verdadero amor. El hombre es egoísta, tiránico y temeroso en sus afectos, y pierde, por este mismo hecho, a aquel que ama.
Los celos son el peor enemigo del amor, pues la imaginación se desencadena, empuja al ser amado hacia otro, e infaliblemente esta clase de miedos desvían la realidad si no logran ser debidamente neutralizados.
Una joven señora profundamente afligida vino a buscarme y me dijo que el hombre al que ella amaba la había abandonado por otra, diciéndole que nunca tuvo la intención de casarse con ella. La mujer se sentía lastimada por los celos y el resentimiento y me dijo que deseaba que él sufriera lo mismo que ella estaba sufriendo, y añadió: «¿Cómo me ha podido dejar a mí, que le amaba tanto?».
Yo le respondí: «Usted no le amaba. En realidad, usted le odiaba».
Y añadí: «Jamás puede recibir si antes no da, dé un amor perfecto y recibirá un perfecto amor». Aproveche esta ocasión para perfeccionarse, ofrezca un amor perfecto, sin egoísmos, sin pedir nada a cambio, no le critique, ni le ordene nada y bendígalo donde quiera que se encuentre».
«No —respondió ella—, yo no lo bendigo, ¡a menos que sepa dónde está!».
«Bien —le dije—, eso significa que éste no es el amor verdadero. Cuando aprenda lo que es el amor verdadero, ese mismo amor verdadero le será entregado por ese hombre, o bien por otro que será su equivalente, pues es posible que este hombre no sea la selección divina. Usted no lo querrá más. Así como es una con Dios, es una con el amor que le pertenecen por derecho divino.» Los meses pasaron y las cosas permanecieron como estaban, pero, mientras tanto, mi amiga trabajaba concienzudamente en ella misma. Yo le dije: «Cuando desaparezca la crueldad de usted, él también dejará de ser cruel, pues usted la atrae aquí por sus propias emociones».
A continuación, le hablé de una Fraternidad de la India donde sus miembros no dicen jamás «Buenos días», sino «Yo saludo a la divinidad que hay en usted». Ellos saludan a la divinidad existente en todo hombre, así como en los animales de la selva, que no pueden jamás causarles daño alguno, pues los miembros de esta fraternidad creen que Dios está presente en todo ser viviente. Luego añadí: «Salude a la divinidad que hay en ese hombre, y diga conmigo: "Sólo veo su ser divino; lo veo tal como lo ve Dios, perfecto, hecho a Su imagen y semejanza».
Mi amiga comentó más tarde que había encontrado un nuevo equilibrio y así pudo librarse de su resentimiento. El hombre al que ella amaba era capitán, y siempre le llamaba «Cap». Un día que vino a verme, mi amiga me dijo en voz alta: «Que Dios bendiga al "Cap" donde quiera que esté».
«Ahí está el verdadero amor —me apresuré a declararle—. Y allí donde esté se hará un "círculo completo" y esta situación no volverá a suceder. Finalmente usted obtendrá su amor o atraerá a su equivalente.»
Por aquella época tuve que cambiar de piso, y me quedé sin teléfono durante una temporada. Por lo tanto, no tuve más noticias de ella durante algunas semanas. Luego, una mañana, recibí una carta en la que me decía: «Nos hemos casado». Me apresuré a visitarla y mis primeras palabras fueron: «¿Cómo volvió él?».
«¡Oh! —exclamó ella—, ¡pareció un verdadero milagro! Un buen día me encontraba con la sensación de que todo el dolor me había dejado. Esa misma noche lo encontré y me pidió que me casara con él. Nos casamos unos ocho días después y jamás he visto a un hombre tan enamorado.»
Un viejo proverbio dice: «Ningún hombre es tu enemigo, ningún hombre es tu amigo, todos los hombres son tus propios maestros.»
Es necesario ser impersonal y aprender de cada uno lo que cada uno tenga para enseñarnos; en resumen, una vez que aprendamos las lecciones, seremos libres. Este hombre enseñó a esa mujer un amor desinteresado que cada persona, tarde o temprano, debe conocer.
El sufrimiento no es necesario para el desarrollo del hombre. El sufrimiento es más bien el resultado de la violación de la ley espiritual, pero son pocas las personas capaces de despertarse del «sueño del alma», sin sufrimiento. Cuando la gente se siente feliz suele ser, por regla general, egoísta y, automáticamente, la ley del karma entra en acción. El hombre sufre en seguida las pérdidas porque le falta la capacidad para la autocrítica.
Una de mis conocidas tenía un marido encantador, a pesar de lo cual ella decía a menudo: «No me agrada el matrimonio; no tengo nada que criticarle a mi marido, pero la vida conyugal no me interesa para nada».
Esta persona se interesaba por otras muchas cosas. Apenas se acordaba de que tenía un marido. Sólo se acordaba de él cuando le veía. Un buen día, él le comunicó que se había enamorado de otra mujer y que había decidido dejarla. Ella acudió a verme de inmediato, desolada y llena de amargura.
«Esto es precisamente el resultado de cómo ha pronunciado usted la palabra —le dije—. Dijo bien claramente que no apreciaba la vida conyugal. En consecuencia, su subconsciente trabajó para liberarla.»
«Sí —admitió ella—. Ahora lo comprendo. Primero se consigue aquello que se desea, y luego no hace una más que quejarse.»
No tardó en aceptar esta situación, al comprender que ella y su marido eran más felices estando separados.
Cuando una mujer se vuelve indiferente o critica a su marido, es cuando deja de ser la inspiración para él; éste, privado de las alegrías de los primeros tiempos de su unión, se siente desamparado e infeliz.
Un hombre deprimido, infeliz y pobre vino a consultarme. Su mujer se interesaba por las «Ciencias de los Números» y había llevado a cabo un estudio sobre un tema numérico. Por lo visto, el resultado de su estudio no era favorable, pues me comentó: «Mi mujer me dijo que no llegaré jamás a ninguna parte por que soy un "dos"». Yo le respondí: «Su número me es completamente indiferente. Usted es una idea perfecta del Entendimiento Divino, y nosotros le pediremos el éxito y la prosperidad que le han sido preparados por la Inteligencia Infinita».
Al cabo de pocas semanas, el hombre se encontraba en una situación excelente y, uno o dos años más tarde, logró un éxito brillante como hombre de letras. Nadie puede tener éxito en los negocios a menos que los ame. La tela que el pintor pinta por amor al arte es la más bella obra. Es necesario desaconsejar siempre aquello que sólo sirve para hacer «hervir la marmita». Ningún hombre puede atraer el dinero si lo desprecia. Muchos de los que se mantienen en la pobreza declaran:
«El dinero no me interesa, yo no guardo ninguna consideración por los que lo tienen».
Aquí está la explicación del porqué muchos artistas son pobres, porque menosprecian el dinero y, entonces, el dinero se aparta de su camino.
Me acuerdo de haber escuchado a un artista decir de un colega: «Ése es un artista sin valor, pues tiene una abultada cuenta en el banco». Esta actitud mental separa al hombre de sus riquezas. Para atraer una cosa hacia sí, sea cual fuere, es necesario estar en armonía con ella.
El dinero es una manifestación de Dios que nos libera de la necesidad y de las restricciones, pero debe mantenerse en circulación y ser utilizado para buenas finalidades.
Atesorar y ahorrar traen consigo reacciones fuertemente desagradables.
Eso no significa, sin embargo, que no se deban poseer inmuebles, tierras, acciones y obligaciones, pues «los graneros de los justos estarán llenos»; pero no debemos ser ahorrativos si se nos presenta una ocasión para gastar, o si el dinero fuera necesario para algo. Al dar libre curso al dinero que tenemos, al hacerlo sin miedo y alegremente, se abrirá la vía que traerá más, pues Dios es nuestra más infalible e inagotable riqueza.
Aquí está la actitud espiritual que debemos tener en relación con el dinero y el Gran Banco del Universo. ¡No fallará jamás!
Una película titulada Greed (Avidez) nos ofrece un buen ejemplo de avaricia. La heroína de la historia ganó cinco mil dólares en una lotería, pero no quería gastarlos. Amontonó y abarrotó, dejando sufrir y morir de hambre a su marido, quien terminó viéndose obligado a buscar en la basura para sobrevivir.
Amar el dinero por sí mismo se colocó en el lugar más bajo de todos. Una noche, ella fue asesinada y le robaron todo su dinero.
Aquí encontramos un buen ejemplo en el que «el amor por el dinero es la base de todos los males». El dinero, en sí mismo, es bueno y beneficioso, pero cuando se lo utiliza con finalidades destructivas, cuando se lo acumula y atesora, o bien cuando se lo considera como más importante que el amor, se convierte en una verdadera causa de la enfermedad, de la tristeza y, finalmente, de la pérdida del propio dinero.
Siga el camino del amor y todas las cosas le serán dadas por añadidura, pues Dios es Amor, y Dios es nuestra verdadera riqueza; en cambio, si sigue el camino del egoísmo y de la avidez, la riqueza desaparecerá, o bien usted mismo se verá separado de ella.
Conozco el caso de una mujer muy rica que ahorraba todos los beneficios que obtenía. Raras veces hacía cualquier donación, pero, en cambio, compraba sin parar objetos de todo tipo. Se sentía particularmente atraída por los collares. Una de sus amigas le preguntó un día cuántos tenía. «Sesenta y siete», respondió ella. Los compraba y los guardaba en cualquier parte, seguramente en un papel de seda. Eso sería legítimo si los hubiera lucido, pero ella violaba la ley de la circulación; sus armarios estaban llenos de ropa que jamás utilizaba.
Los brazos de esta persona se fueron paralizando progresivamente porque se apegaba muy ávidamente a todos estos objetos. Al cabo de poco tiempo se la consideró incapaz de gestionar su propia fortuna y ésta le fue retirada.
He aquí un buen ejemplo de cómo se suscita una pérdida por ignorancia de la ley.
Toda enfermedad y toda tristeza provienen de la violación de la ley del amor. Los boomerangs del odio, del rencor y de la crítica se revuelven contra nosotros mismos llenos de enfermedad y dolor. El amor es como un arte perdido, pero aquel que conoce la ley espiritual sabe que debe reconquistarlo, pues sin amor, él mismo no es más que «un címbalo que resuena».
Una de mis alumnas, por ejemplo, trabajó conmigo durante muchos meses para liberar su consciente del rencor. Llegó hasta un punto en el que no odiaba más que a una sola persona. Liberarla era algo difícil de lograr. Sin embargo, poco a poco, mi alumna fue encontrando el equilibrio y la armonía que necesitaba, y un buen día desaparecieron todos sus resentimientos.
Ese día ella llegó radiante a mi casa y exclamó: «¡Usted no puede imaginar lo que me ha pasado! La persona que yo odiaba me ha dicho algo muy desagradable y, en lugar de dejarme arrastrar por la furia, me mostré gentil y llena de amor; entonces, ella se disculpó y ¡fue absolutamente encantadora conmigo! ¡Nadie podría imaginar lo bien que me siento ahora!».
El amor y la buena voluntad son inestimables en los asuntos humanos.
Una empleada vino a desahogarse conmigo sobre su jefa que, según ella, era fría, muy crítica y sin amor alguno.
«Bien —le aconsejé—, salude entonces a la divinidad que hay en ella y envíele pensamientos de amor.»
Ella me respondió: «Imposible, es una mujer de mármol».
«¿Usted se acuerda de la historia del escultor que reclamó un cierto bloque de mármol? —le repliqué— . Cuando le preguntaron para qué lo quería él respondió: "Porque hay un ángel dentro de ese mármol", y logró crear una maravillosa obra de arte.»
«Bien —dijo mi visitante—, lo intentaré.» Una semana más tarde, volvió a verme: «He hecho lo que usted me aconsejó y he podido comprobar que esta señora es más buena conmigo; me llevó a dar un paseo en su coche.»
Ciertas personas están llenas de remordimientos por haber hecho algún mal a alguien, a veces durante muchos años. Si este mal no puede ser reparado, su efecto puede ser neutralizado haciendo el bien a cualquier otra persona en el presente. «Si hago una cosa, olvidando lo que ya pasó, me dirijo al porvenir.»
La tristeza, el remordimiento y las lágrimas destruyen las células del cuerpo y envenenan la atmósfera del individuo.
Un buen día, una señora que experimentaba una profunda tristeza, me pidió: «Tráteme para que pueda vivir feliz y contenta, pues mi tristeza me hace ser irritable con los miembros de mi familia, y recibo enseguida los golpes del karma.»
Así pues, me pidió que la tratara como se trataría a una madre que llora por su hija. Yo negué toda creencia en las pérdidas y las separaciones, y afirmé que Dios era la alegría de esta mujer, su amor y su paz.
Ella recuperó inmediatamente su equilibrio, y al cabo de poco tiempo su propio hijo vino a decirme que detuviera el tratamiento, pues actualmente ella se sentía llena de alegría. Vemos, una vez más, cómo el entendimiento mortal se adhiere a sus propios dolores y lamentaciones.
En otra ocasión, una persona perteneciente a mi familia hacía alarde, sin parar, de las tristezas que la abrumaban, hasta el punto de que siempre tenía algo de lo que quejarse. Antaño, si una mujer no se hacía cargo de sus hijos, pasaba por no ser una buena madre. Hoy sabemos bien que las continuas quejas de las madres son precisamente las verdaderas responsables de las enfermedades y accidentes que les ocurren a sus hijos.
El miedo, en efecto, imagina fuertemente la enfermedad o la situación temida, y estas imágenes, si no son neutralizadas debidamente, terminará por materializarse.
Bienaventurada la madre que puede decir sinceramente que entrega a su hijo entre las manos de Dios, sabiendo, en consecuencia, que él está divinamente protegido. Ella proyecta así una especie de fuerza protectora sobre su hijo.
Una mujer se despertó súbitamente en plena noche, presintiendo que su hermano se encontraba en un grave peligro. En lugar de ceder a sus temores, afirmó la Verdad y se dijo a sí misma: «El hombre es una idea perfecta del Entendimiento Divino, y Él está siempre en su verdadero lugar; por lo tanto, mi hermano está en Él su verdadero lugar, divinamente protegido».
Al día siguiente se enteró con asombro que su hermano se había encontrado muy cerca de una mina donde se había producido una gran explosión, de la que él, afortunada y milagrosamente, se había salvado.
Es así como nosotros mismos somos los guardianes de nuestros hermanos (por el pensamiento) y cada uno debe saber que el objeto de su afección «reside en las Alturas, y reposa a la sombra del Todopoderoso». «A aquel que no espera ningún mal, no le sucederá mal alguno.»
«El amor perfecto expulsa el miedo. Aquel que teme no es perfecto en el amor.»
Finalmente, «el amor es el cumplimiento de la Ley».
Es Juego de La Vida Sus reglas son la fe exenta de miedo, la no resistencia y el amor.

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Entregar la Carga -Impresionar al SubConciente-

Cuando el hombre llega a conocer su propio poder y el proceso de su mente, su mayor deseo consiste en encontrar el medio más fácil y rápido que le permita impresionar su subconsciente a través de la idea del bien, ya que un conocimiento intelectual de la verdad no da resultados.
En cuanto a mí, encuentro que el medio más fácil es el de «entregar la carga».
Un metafísico explicaba en otros tiempos lo siguiente con referencia a este tema: «Lo que da peso dentro de la naturaleza, sea esto lo que fuere, es la ley de la gravitación. Si pudiéramos transportar una gran masa rocosa a una altura suficiente, más allá del planeta, habría dejado de tener peso».
Eso era precisamente lo que Jesucristo entendía cuando decía: «Mi yugo es suave y mi carga ligera».
Había sobrepasado la vibración del mundo y se movía en la cuarta dimensión, donde todo es perfección, realización, vida y alegría.
Él dijo: «Venid a mí, vosotros que padecéis y que tenéis problemas, y yo os daré el reposo». Y añadió: «Tomad mi yugo, pues mi yugo es suave y mi carga ligera». Lo leemos de esta forma, en el Salmo LV: «Que recaiga tu peso sobre el Señor». Numerosos pasajes de la Biblia proclaman que la batalla es la batalla de Dios, y en modo alguno la del hombre y que éste deberá «mantenerse siempre tranquilo» y esperar la liberación del Señor.
Esto indica con toda claridad que es en el superconciente (Cristo en nosotros) donde se libra la batalla para que el hombre se vea aliviado de sus cargas.
Vemos pues, que éste viola la ley llevando su carga, pues esa carga no es más que un pensamiento, o un estado adverso y ese pensamiento, ese estado, encuentra sus verdaderas raíces en el subconsciente.
Parece casi imposible llegar a dirigir el subconsciente por la conciencia, es decir, por el razonamiento, pues la razón (el intelecto) se ve muy limitada por sus concepciones y está repleta de dudas y miedos. La actitud científica consiste en colocar la carga sobre el superconciente (Cristo en nosotros) donde «se convierte en la luz», o bien terminar por desvanecerse para regresar a «su nada original».
Una persona que tenía una urgente necesidad de dinero hizo esta afirmación: «Yo entrego esta carga a Cristo que está en mí, y de ese modo voy al encuentro de la riqueza.»
Su carga era un estado de miedo y de pobreza, y aquel que la entrega a Cristo, el superconciente, inunda el subconsciente de fe y riqueza y esto tiene como resultado una gran prosperidad.
Leemos en las Escrituras: «Cristo nos llena de la esperanza de la gloria».
Pues bien, preste atención a lo siguiente: en cierta ocasión, alguien ofreció un piano a una de mis alumnas. Ella no disponía de ningún lugar adecuado para instalarlo en su pequeño estudio, a menos que tirase el viejo piano que ya poseía. Se sentía totalmente desconcertada ante la situación, ya que por un lado deseaba conservar el viejo piano al que había tomado cariño, pero por el otro lado no sabía cómo hacerlo. Estaba realmente muy agitada pues el piano nuevo se lo iban a entregar casi inmediatamente. Entonces, repitió para sí misma: «Yo entrego esta carga a Cristo en mí, y habrá un espacio libre».
Apenas unos momentos más tarde de decirse esto, un amigo le preguntó por teléfono si querría alquilarle su piano antiguo. Se lo envió apenas poco antes de que llegara a casa de mi alumna el piano nuevo.
En cierta ocasión, conocí a una señora que llevaba sobre sí una carga de resentimiento. Esta mujer decía: «Entrego esta carga de resentimiento a Cristo que está en mí, y avanzo llena de amor, placer y felicidad».
El todopoderoso superconciente inundó el subconsciente de amor y a partir de entonces toda su vida se vio completamente transformada por ello. Durante años, este resentimiento la había mantenido en un estado de angustia que le tenía aprisionada el alma (el subconsciente).
Estas afirmaciones deben ser repetidas continuamente, durante horas, ya sea silenciosamente o en voz alta, con tranquilidad y determinación. Yo lo comparo con el acto de impresionar una placa fotográfica. Él debe «impresionarnos» con la palabra de la verdad.
Me he dado cuenta de que después de un cierto tiempo de haber «entregado la carga»; nuestra visión se aclara. Es imposible tener una visión clara allí donde sólo se debaten las angustias del entendimiento carnal.
Las dudas y el miedo no hacen sino envenenar el espíritu y el cuerpo; entonces, la imaginación se desencadena y se provoca de ese modo el desastre y la enfermedad.
Gracias a la repetición constante de la afirmación: «Yo entrego esta carga a Cristo que está en mí, y avanzo libremente», la visión se transforma y, al mismo tiempo, aparece un sentimiento de alivio que, tarde o temprano, sirve para producir la manifestación del bien, que es la salud, la felicidad o la prosperidad.
Una de mis alumnas me preguntó un día la explicación de por qué «la oscuridad es más intensa en el preciso momento en que se hace la luz». En un capítulo precedente, ya he aludido al hecho de que, en el momento en que se produce una demostración importante, «todo parece que va mal» y la conciencia queda como oscurecida por un estado de depresión.
Esto significa que las dudas y los miedos ancestrales se despiertan desde el fondo del subconsciente, y entonces conviene exterminarlos.
Es entonces cuando el hombre debe hacer sonar con fuerza sus címbalos, como Josué, y dar gracias por haber sido salvado, incluso en el caso de que parezca hallarse rodeado de enemigos (la penuria o la enfermedad). Mi alumna me preguntó todavía: «¿Cuánto tiempo nos quedaremos en la oscuridad?». Yo le respondí: «Hasta que se pueda ver en la oscuridad, o bien hasta que entreguemos la carga que nos ha tocado sobrellevar».
Para impresionar el subconsciente, siempre es esencial tener una fe activa.
«La fe, sin obras, está muerta.» Esto es lo que me esfuerzo por demostrar en estos capítulos que acabo de escribir. Jesucristo dio una prueba de fe activa «ordenando a una muchedumbre sentarse» antes de dar las gracias por los panes y los peces.
Voy a dar otro buen ejemplo para demostrar la necesidad de esa fe. De hecho, la fe activa es un punto sobre el cual el hombre pasa para tener acceso a su Tierra Prometida.
Debido a un malentendido, una mujer se separó de su marido al que amaba mucho. El rechazó todos los intentos de reconciliación de la mujer y se negó a hablar con ella de ninguna manera.
Al conocer la ley espiritual, esta mujer negó la apariencia de esta separación y afirmó: «No hay un punto de separación en el Entendimiento Divino y, por consiguiente, yo no estoy separada del amor y de la compañía de quien me pertenece por derecho divino».
Ponía cada día los cubiertos de su marido en la mesa, como demostración irrevocable de un fe activa, imprimiendo así, sobre el subconsciente, la imagen de su retorno. Transcurrió más de un año, y ella continuaba sin cambiar de actitud. Un buen día vio volver a su marido a su lado.
El subconsciente está continuamente impresionado por la música, pues la música pertenece a la cuarta dimensión, libera el alma, hace posible milagros y nos facilita su realización.
Una de mis amigas enciende cada día su aparato de música con este fin. Así, se pone en un estado de perfecta armonía y libera su imaginación.
Otra persona a la que conozco bien se dedica a bailar al mismo tiempo que hacer sus afirmaciones. El ritmo y la armonía de la música y del movimiento dan a sus palabras una fuerza extremada. También es conveniente que el estudiante se acuerde de no despreciar los «pequeños acontecimientos cotidianos».
Invariablemente, antes de una demostración, las «señales de tierra» se manifiestan. Antes de llegar a las Américas, Cristóbal Colón vio pájaros que llevaban una ramita en su pico, señal inequívoca de que la tierra se hallaba muy próxima. Pues bien, lo mismo sucede cuando se produce una demostración; lo que sucede es que, con frecuencia, el estudiante se equivoca, toma las señales por la demostración misma y luego se siente decepcionado.
Por ejemplo, una señora había «pronunciado la palabra» pidiendo una vajilla. Poco tiempo después, una amiga le dio un plato bastante viejo y desgastado.
La señora vino a verme y se lamentó: «Yo pedí una vajilla y no recibí más que un plato viejo».
«Este plato —le dije—, no es más que una "señal de tierra"; su vajilla está en camino. Considérelo como la historia de los "pájaros y las ramitas" de Colón.»
Y, en efecto, poco tiempo después esta señora recibió la vajilla deseada. «Hacer ver», de manera continua, impresiona el subconsciente. Si parecemos ricos, si creemos estar llenos de éxito, en el «tiempo requerido lo cosecharemos».
Con frecuencia, los niños fingen «ser», pues bien «si no se convierte en un niño pequeño, no entrará en el Reino de los Cielos».
Conocí en cierta ocasión a una mujer joven y pobre, que no lo aparentaba. Se ganaba la vida, trabajando en la casa de unos amigos ricos, y cobraba por ello un sueldo más bien modesto. Ellos le hablaban sin cesar de los muchos gastos que tenían y le aconsejaban ahorrar. Sin embargo, ella no se preocupaba de ahorrar y gastaba todo su dinero en compras, una vez un sombrero, otra un regalo; de ese modo, se sumergía en su propio mundo lleno de encanto. Sus pensamientos siempre estaban fijos en bonitas prendas de vestir, en objetos hermosos, pero jamás sentía envidia por los demás.
Vivía inmersa en un mundo maravilloso y solitario, en el que las riquezas le parecían reales. No tardó mucho en casarse con un hombre muy rico y todas las bellas cosas con las que había soñado terminaron por materializarse. Yo no sé si su marido fue elegido por la Selección Divina, pero lo cierto es que la riqueza debió de manifestarse fuertemente en su vida como resultado de su propia imaginación, que sólo se centraba en la riqueza.
No hay paz ni felicidad para el hombre que no aparta todo el miedo de su subconsciente. El miedo es la energía mal dirigida que debe cambiarse y transformarse en fe.
Jesucristo dijo: «¿Por qué tienes miedo, hombre de poca fe?». «Todo es posible para aquel que cree.»
Alguna vez, otra de mis alumnas me preguntó: «¿Cómo puedo librarme del miedo?». Yo le respondí: «Enfrentándose a lo que la asusta». «La ferocidad del león se basa en vuestro miedo.» Enfrentémonos al león , desaparecerá, intentemos escapar de él y, nos seguirá.
Ya enseñé en los capítulos anteriores cómo «el león» de la pobreza desaparece en cuanto el individuo gastaba sin miedo alguno, probando así que Dios era su riqueza y esta abundancia, era, por lo tanto, infalible. Numerosos alumnos míos se vieron liberados de las garras de la pobreza y están ahora en la opulencia, gracias a que habían perdido todo el miedo a gastar. El subconsciente queda muy impresionado por esta verdad de Dios que es a la vez la dádiva y el donante; en consecuencia, si nosotros estamos unidos a Dios, quiere decir que estamos unidos a la dádiva. He aquí hay una maravillosa afirmación: «Doy gracias a Dios, el donante, por Dios, la dádiva».
Debido a sus pensamientos de separación y de penuria el hombre ha estado durante mucho tiempo separado del bien y de sus verdaderos recursos, hasta el punto de que hace falta emplear la dinamita para destruir esas falsas ideas del subconsciente, y la dinamita se presentará bajo la forma de una importante ocasión para vencer.
En todos los ejemplos anteriores, hemos visto que el individuo se libera a través de la destrucción del miedo. «Aquello que escojas hoy será aquello a lo que servirás», ya sea el miedo o la fe.
Quizá vuestro miedo se vea suscitado por la personalidad de otras personas. En este caso no evitéis a aquellos que teméis, id hacia ellos tranquilamente y veréis cómo se convierten en las «mallas de oro en los eslabones de vuestro bien» o bien desaparecerán armoniosamente de vuestro camino.
Quizá tema Ud. la enfermedad, los microbios. Aprenda a ser insensible a los riesgos de contagio y se sentirá inmunizado.
En efecto, no se puede contaminar nada a menos que su vibración esté en el mismo plano que los microbios, y el miedo. Rebaja al hombre al mismo nivel. Sin embargo, que quede bien entendido que el microbio que transmite la enfermedad es producido por el entendimiento mortal, pues todo pensamiento toma forma de algo. Los microbios no existen en el superconciente, el Entendimiento Divino; son el producto de «la vana imaginación del hombre».
«En un abrir y cerrar de ojos» surgirá la liberación del hombre, y entonces se dará cuenta de que el mal se ve privado de sus poderes.
El mundo material se desvanecerá en la cuarta dimensión, y el «mundo de las maravillas» aparecerá a continuación. «Y yo vi un nuevo cielo y una nueva tierra, y no habrá más muerte, ni tristeza, ni lágrimas, ni dolores, pues ¡las cosas viejas pasarán!»
Es Juego de La Vida Sus reglas son la fe exenta de miedo, la no resistencia y el amor.


ElClubdelosRicos

La Ley del Karma y la Ley del Perdón

El hombre no recibe más de lo que dé.
El Juego de la Vida es un juego parecido al lanzamiento de un boomerang.
Aquello mismo que un hombre piensa, sus acciones y sus palabras termina por manifestarse, tarde o temprano, con una precisión que es realmente asombrosa.

Aquí nos encontramos con la ley universal del karma, que significa en sánscrito «retorno». «Todo aquello que un hombre siembra, eso mismo cosechará.»
Una de mis amigas me contó la historia siguiente, que ilustra perfectamente esta ley: «Una de mis tías me ayudó sin darse cuenta de lo que hacía a liberarme de mi karma personal; aquello mismo que yo decía, otro me lo repetía. Yo estaba a menudo irritada en casa y, un día, le dije a mi tía que hablaba durante la cena: "Deja de hablar, deseo comer en paz".
»Al día siguiente, desayunaba con una señora a la que quería causar una buena impresión. Yo hablaba con animación, hasta que ella me dijo: "Deja ya de hablar, ¡deseo comer en paz!".»
Mi amiga se encuentra en un nivel elevado de conciencia; por lo tanto, su karma actúa más rápidamente que el de una persona que está todavía sobre el plano mental. Cuanto más sabemos, más son las responsabilidades que nos vemos obligados a asumir. Aquel que conoce la Ley Espiritual y no la practica, sufre mucho las consecuencias. «El temor al Señor (la Ley) es el comienzo de la sabiduría.» Si comprendemos que la palabra del Señor significa «Ley», muchos pasajes de la Biblia se volverán más claros.
«La venganza es mía, para mí la retribución», dijo el Señor (la Ley). Ésta es la Ley que venga, no Dios. Dios ve al hombre perfecto «creado a su propia imagen» (imaginación) y dotado «de los poderes de la dominación».
Ahí está, pues, la idea perfecta del hombre, tal como se halla registrada en el Entendimiento Divi no, esperando que el hombre la reconozca, pues él no puede ser más que aquello que quiere ser y no puede alcanzar lo que quiere alcanzar.
Observamos nuestro éxito o nuestro fracaso, nuestra alegría o nuestra tristeza, antes de que éstas surjan de las escenas que están en nuestra imaginación. Hemos observado este hecho en la madre que imagina la enfermedad de su hijo, o la mujer que «quiere» el éxito de su marido.
Jesucristo dijo: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».
Así que constatamos que la libertad (que nos libera de condiciones desgraciadas) procede del conocimiento, el conocimiento de la Ley Espiritual.
La obediencia precede a la autoridad y la ley obedece a aquel que obedece a la ley. La ley de la electricidad tuvo que haber sido padecida antes de que pudiera servir al hombre. Aquel que la emplea con ignorancia, puede estar delante de un enemigo mortal. Así en ella está la ley del Espíritu.
Una señora que poseía una gran fuerza de voluntad deseaba llegar a ser la propietaria de una casa perteneciente a uno de sus familiares y se formaba con bastante frecuencia imágenes mentales en las que se veía a sí misma viviendo en aquella casa. Después de cierto tiempo, el propietario murió y ella heredó la casa.
Muchos años más tarde, antes de que llegara a conocer la Ley Espiritual, esta mujer me preguntó un día: «¿Cree usted que yo haya tenido algo que ver con la muerte de este hombre?».
«Sí —le respondí—. Su deseo era tan fuerte que lo barrió todo, pero usted ya ha pagado ese karma. Su marido, al que usted amaba muchísimo, murió poco después, y esta casa se transformó para usted en una especie de "caballo en la cuadra" durante muchos años.»
Sin embargo, ni el primer propietario de esta casa, ni el marido de la mujer habrían podido verse afectados por su pensamiento si hubieran estado firmemente anclados en la Verdad. Pero lo cierto es que ambos se encontraban bajo los efectos de la ley kármica. Esta señora, al sentir hasta qué punto deseaba aquella casa, debería haber dicho: «Inteligencia Infinita, dame la casa que me conviene, que sea tan encantadora como ésta, la casa que es mía por derecho divino».
La elección divina le habría ofrecido una satisfacción perfecta y habría aportado a cada uno su propio bien. El modelo divino es el único con el que se puede trabajar con la más completa de las seguridades.
El deseo es una fuerza formidable. Debe ser canalizado convenientemente, sino irá inmediatamente seguido por el caos. El hombre no debe pedir nunca más que aquello que le pertenece por derecho divino.
Volviendo a nuestro ejemplo anterior: si la señora en cuestión hubiera tenido la costumbre mental de decir: «Si esta casa que deseo es mía, no la puedo perder; si no me pertenece, dame, Señor, su equivalente», el propietario quizás habría encontrado una solución armoniosa (si eso hubiera estado en la elección divina) o bien otra casa habría sustituido a la primera. Todo aquello cuya manifestación se ve forzada por la voluntad personal será siempre una «mala adquisición»; por lo tanto, siempre conducirá al fracaso.
El hombre ha recibido esta afirmación: «Que se haga Mi voluntad, y no la tuya». Y, cosa bien curiosa, el hombre siempre obtiene aquello que desea cuando renuncia a su voluntad personal, permitiendo así que la Inteligencia Infinita pueda actuar a través de él.
«Quédate tranquilo y espera en silencio la liberación del Señor» (la Ley).
En otra ocasión, una señora vino a verme presa de una gran angustia.
Se sentía realmente muy angustiada después de saber que su hija había decidido hacer un viaje que a ella le parecía muy arriesgado.
Según me dijo, había utilizado todos los argumentos posibles, enumerando los peligros que asumía al emprender este viaje, pero su hija no la quiso escuchar y decidió partir.
Le dije a esta madre: «Usted impone su voluntad personal a su hija, y no tiene el derecho; además, su miedo no hace sino atraer este viaje, pues el hombre atrae a sí mismo aquello que teme». Y añadí: «Relájese, retire su influencia mental, remítala a las manos de Dios, y sírvase de esta afirmación: "Dejo esta situación en manos del Amor Infinito y Sagrado; si este viaje está previsto en el Plan Divino, yo lo bendigo y no me resisto más, pero si no está divinamente determinado, doy gracias porque no se produzca"».
Uno o dos días más tarde, su hija le anunció: «Madre, renuncio a mi viaje», y la situación retornó a su «posición original».
Aprender «a mantener la calma» es algo que parece difícil al hombre. Volveré a tratar más detalladamente esta ley en el capítulo dedicado a la no resistencia.
Daré ahora otro ejemplo de la manera en que cosechamos aquello mismo que sembramos.
Una persona me dijo que le habían dado en el banco un billete falso. Se sentía bastante molesta por ello. «El banco jamás reconocerá su error», se lamentaba. Yo le respondí: «Analicemos la situación y busquemos el motivo que atrajo ese billete hacia usted». Ella reflexionó un momento, y dijo: «Ya sé, envié una moneda falsa a un amigo para gastarle una broma». Así pues, la ley le ha enviado a ella el billete falso, pues la ley no comprende las bromas.
Yo le dije entonces: «Debemos apelar a la ley del perdón y neutralizar esta situación».
El cristianismo se fundamenta sobre la ley del perdón. Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley kármica, y Cristo en cada hombre es su propio Redentor y su propio Salvador en toda condición discordante.
Así pues, le dije: «Espíritu Infinito, nosotros hacemos una llamada a la ley del perdón y te damos gracias por aquella (la señora) que está bajo la protección de la gracia y no bajo el peso de la ley, y que no puede perder este dinero que le pertenece por derecho divino».
«Y ahora —añadí después—, vaya al banco y diga, sin miedo alguno, que el billete que ellos le dieron por error era falso.» La mujer obedeció y, ante su enorme sorpresa, el personal del banco le pidió disculpas, y le cambiaron su billete con mucha cortesía.
Así pues, el conocimiento de la ley da al hombre el poder de deshacer sus errores. El hombre no puede forzar el ambiente exterior para que sea lo que ni siquiera es él mismo.
Si desea riquezas, debe estar lleno de riquezas en su conciencia.
Un día, una señora vino a solicitarme un tratamiento para la prosperidad. Ella se interesaba bien poco por su interior, que estaba en el más completo desorden.
Yo le dije: «Si usted quiere ser rica, es necesario que antes se ordene a sí misma. Todos aquellos que poseen grandes fortunas son ordenados, y el orden es la primera ley del cielo». Después añadí: «Mientras que el orden no reine en usted misma, la riqueza huirá de usted».
Inmediatamente, esta mujer empezó a arreglar su casa, dispuso los muebles de forma diferente, organizó los cajones, limpió las alfombras, y de ese modo no tardó mucho en alcanzar una importante retribución pecuniaria, en forma de un presente que le hizo un familiar. Cambió y dirigió sus negocios pecuniarios vigilando su entorno, y, ahora, todo se dirige hacia la prosperidad, subiendo que Dios es su fuente.
Muchas personas ignoran que dar es invertir, y que atesorar, ahorrar en exceso, conduce invariablemente a experimentar pérdidas.
«Aquel que da con liberalidad será más rico que aquel que ahorra en exceso, pues éste no hace más que empobrecerse.»
He aquí la historia de un señor que deseaba comprarse un abrigo de piel. Acompañado por su señora, se dedicó a visitar numerosas tiendas, pero no pudo encontrar lo que buscaba. Todos los abrigos que le presentaban le parecían de aspecto mediocre. Finalmente, encontró uno que valía mil dólares, pero el dueño de la tienda dio su autorización para que le redujeran el precio a quinientos dólares, al considerar que la temporada ya estaba bastante avanzada.
El hombre poseía alrededor de setecientos dólares. La razón le aconsejaba: «No debes gastarte casi todo lo que posees en comprar un abrigo». Pero el hombre, que era muy intuitivo, no razonaba jamás. Miró a mujer, y le dijo: «Sí, vamos a comprar este abrigo, y voy a hacer un gran negocio». Ella consintió, aunque sin gran entusiasmo.
Alrededor de un mes más tarde, el hombre recibió un pedido por valor de diez mil dólares. El abrigo le había dado una tal conciencia de la prosperidad que él la había atraído; sin este abrigo, no habría podido realizar este importante negocio. Fue una inversión que le permitió obtener grandes ingresos.
Si el hombre no hubiera escuchado sus intuiciones, que le decían que debía gastar o dar, esa misma suma de dinero se la habría gastado de todos modos sin obtener beneficio alguno, o de una manera inadecuada.
Una señora me contó que en el día de Acción de Gracias había informado a su familia de que ofrecería la cena tradicional. Tenía el dinero necesario, pero decidió ahorrar.
Algunos días más tarde, un ladrón entró a hurtadillas en su habitación y le robó el montante exacto de la cena. La ley sostiene siempre a aquel que gasta sin miedo y con sabiduría.
Ocurrió en cierta ocasión que una de mis alumnas salió de compras acompañada por su pequeña sobrina. La niña quería un juguete, pero su tía le dijo que no podía permitirse comprarlo en aquellos momentos.
De repente, se dio cuenta de que estaba cediendo a la idea de la pobreza, en lugar de remitirse a Dios, ¡a su providencia!
Así pues, compró el juguete, y cuando regresó a su casa se encontró en la calle la cantidad exacta que había pagado poco antes.
Nuestros recursos son infinitos e infalibles cuando nuestra confianza es absoluta, pero la confianza y la fe deben preceder a la demostración.
«Que sea hecho según tu fe».
«La fe es la sustancia de las cosas que esperamos, la evidencia de las cosas que no vemos», pues la fe mantiene la visión estable, las imágenes adversas se disipan y «en el tiempo requerido, nosotros cosecharemos, si no vacilamos».
Jesucristo nos ofreció la buena nueva (el Evangelio) que enseña una ley más elevada que la ley del karma. Es la ley de la gracia, o perdón. Esta ley libera el hombre de la ley de la causa y el efecto, de la ley de las consecuencias. «Por la gracia y no por la ley».
Se nos dice que cosecharemos lo que hayamos sembrado; los dones de Dios se derraman sin parar sobre nosotros. «Todo aquello que posee el Reino está en él.» Este estado de bendición continuo espera a aquel que ha logrado superar el entendimiento y el pensamiento mortales.
Las tribulaciones existen en la comprensión mortal, pero Jesucristo dijo: «Ten valor, yo he vencido al mundo».
El pensamiento carnal se corresponde con el pensamiento del pecado, de la enfermedad y de la muerte. Jesús comprendió su irrealidad absoluta y afirmó que enfermedad y tristeza pasarán y que hasta la propia muerte, su último enemigo, será vencida.
Hoy, desde el punto de vista científico, sabemos que la muerte puede ser vencida al imprimir en el subconsciente la convicción de la juventud eterna y de la vida eterna. El subconsciente, es la fuerza sin dirección, ejecuta sin discutir las órdenes que recibe.
Al trabajar bajo la dirección del superconciente (el Cristo o Dios en el hombre) se alcanzará la «resurrección del cuerpo».
El hombre no rechazará más su cuerpo en la muerte, sino que se transformará en un «cuerpo eléctrico» como cantó el poeta Walt Whitman, pues el cristianismo está fundamentado sobre el perdón de los pecados y sobre «un sepulcro vacío».
Es Juego de La Vida Sus reglas son la fe exenta de miedo, la no resistencia y el amor.

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